Londres

A beautiful city




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foto de la web inetours.com

Los parques son uno de los grandes lujos de la ciudad de Londres. Tan pronto asoman unos rayos de sol, cientos de londinenses salen de sus casas preparadas para pasar una tarde sobre la hierba, leyendo un libro o disfrutando de un picnic. Esta práctica no es extraña en una ciudad asociado casi siempre con cielos grises.

Los parques son uno de los grandes éxitos del suroeste de Londres. Hay muchos en la ciudad, pero salvo el Regents y el lejano e inmenso Richmond, ninguno resiste la comparación con el dúo que forman Hyde Park y Kensington Gardens. Estos dos parques son contiguos y no hay nada que los separe en realidad. La línea que los distingue en los mapas está trazada a partir del Albert Memorial, pero no tiene ningún componente físico que la reafirme.

Uno de los símbolos de la ciudad

Hyde Park es el mas amplio y silvestre de los dos. Cuenta, además con la extravagancia de albergar un cementerio de perros, junto a Victoria Gate, y con un río auténtico. La Serpentine no es un lago artificial como pudiera parecer, si no el Westbourne, un afluente del Tamesis, que nace en las alturas del Hampstead. El Westbourne, como otras corrientes fluviales de Londres, fue soterrado entre los siglos XVII y XVIII para evitar su hedor, de aquella no había cloaca, y ahora sólo asoma brevemente el lomo en la Serpentine.

Kensington dispone del lujo de la Orangerie, una terraza para bohemios y artistas, y no es exactamente un parque, si no un jardín, como deja bien claro su propio nombre. Es una reminiscencia de los viejos días de Londres, en los que una de las ocupaciones de un buen caballero consistía en pasear con estilo, elegancia y discreción. Tres cualidades que el Kensington todavía mantiene.

Un río natural

Hyde y Kensington son melancólicos en invierno, explotan de color verde en primavera y dejan para el otoño una belleza casi trágica que cubre el suelo de hojas. Aunque en el siglo V algunas tribus sajonas se instalaron por un tiempo en aquel paraje, a una adecuada distancia de la Londinium romana, ya sin legiones romanas, pero envuelta en su ajetreo urbano, estos parques hermanos han permanecido libres de asentamientos humanos. Durante todos estos siglos han sido coto real de caza, reserva de vegetación o espacio de descanso y paz de los londinenses.

Ambos tienen su encanto particular, compartido incluso, pero los Kensington Gardens cuentan con un atractivo especial para el público. En ellos transcurre la historia de Peter Pan, el héroe atemporal del que hay una estatua junto a la Serpentine. Esa ventaja es demasiado grande para poder ser diluida y los turistas recorren en mayor medida Kensington, buscando esos rincones en los que James M. Barrie se inspiró para darle vida a su mayor creación.

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